Nuestro alumbrado público no necesita ser así de malo

Aún en periodos de baja, o nula, actividad, las luminarias públicas brillan a su máxima capacidad. Esto trae varios efectos negativos.


Texto traducido del original de Rajaram Bhagavathula, Popsci.

La mayoría de las calles son o demasiado brillantes o demasiado oscuras. Las calles y carreteras sin alumbrado público representan casi un tercio de todos los accidentes fatales durante la noche . Cuando las luces de la calle son demasiado brillantes, pueden causar contaminación lumínica, algo que retrasa la madurez de los cultivos, exaspera a los astrónomos y desorienta la vida silvestre, como las crías de tortugas marinas, que pueden vagar tierra adentro en lugar de hacia el mar, donde terminan muriendo después de ser atropelladas o devoradas por los depredadores. Exponerse a altas cantidades de luz artificial nocturna también se ha relacionado con trastornos en la salud del sueño de las personas.
En la actualidad, casi todas las luces de las calles se encienden por la noche a máxima intensidad, incluso durante períodos de muy baja actividad vehicular y peatonal. El uso de luces a toda potencia durante períodos de baja actividad desperdicia energía y aumenta el daño ecológico.

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Necesitamos fuentes de luz que puedan atenuarse o controlarse de forma inteligente. Las lámparas LED tienen esta capacidad de “iluminación adaptativa” y, como beneficio adicional, son hasta un 50 por ciento más eficientes que las lámparas de vapor de sodio tradicionales.
Si tenemos la tecnología, ¿por qué seguimos sobreiluminando nuestras calles? Porque se ha demostrado que las luces brillantes de las carreteras reducen los choques nocturnos. Pero estamos utilizando el alumbrado público como un cuchillo de carnicero, cuando podría ser manejado como un bisturí quirúrgico. Las lámparas son demasiado brillantes principalmente porque, con el tiempo, se ensucian y son menos eficientes, por lo que las empresas de servicios públicos y los diseñadores de iluminación optan por luces innecesariamente intensas. La otra razón es que las lámparas tradicionales de vapor de sodio —las que se ven de color naranja amarillento— no se pueden atenuar fácilmente.
Y la iluminación excesiva es solo una práctica de diseño de iluminación que puede perturbar el entorno. Al revisar el esquema general de una carretera, se pueden resolver muchos problemas ecológicos. Echemos un vistazo a la ciudad de Cambridge, MA y la Universidad de California (UC) Davis, los cuales han implementado estrategias de iluminación adaptativa utilizando LEDs. En Cambridge, las luces de la calle se atenúan al 50 por ciento al anochecer y al 30 por ciento de la salida total de luz desde las 10:00 pm (8:00 pm en algunos vecindarios) hasta el amanecer. UC Davis, instaló cerca de 1,500 luces de calle LED inteligentes que pueden detectar cuándo hubo actividad en una carretera. Cuando la calle está vacía, funcionan al 10 por ciento de la salida total de luz. Al detectar un automóvil o alguien en una caminata nocturna, las luces se iluminan al 80 a 90 por ciento de su capacidad. Tanto Cambridge como la UC Davis han reportado ahorros de energía de más del 80 por ciento. Cuando Tucson, Arizona implementó estrategias similares, sus cielos nocturnos se volvieron más oscuros , según la International Dark-Sky Association .
Si las tecnologías de iluminación adaptativa ahorran energía y reducen los impactos ecológicos y ambientales, ¿por qué no se adoptan más ampliamente? Una posible razón es el alto costo del controlador, que es similar a un receptor de Wi-Fi que recibe comandos de forma inalámbrica para atenuar las luces. Cuesta hasta $ 100 usd por luz, aunque las tasas de adopción más altas podrían reducir el precio de estas tecnologías.

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Otra razón es la falta de un conocimiento adecuado sobre cuándo y cuánto atenuar. La falta de investigación empírica sobre los niveles de luz requeridos para mantener la seguridad en la calle significa una falta de pautas adecuadas. Y las directrices basadas en evidencia son esenciales para la implementación por parte de los gobiernos locales. Investigadores de Virginia Tech desarrollaron algunas pautas preliminares, pero una mayor investigación ayudará a comprender mejor las relaciones entre los niveles de luz, la seguridad y el impacto ecológico.

Un obstáculo final para la iluminación adaptativa es la forma en que la electricidad se cobra. Las cuotas fijas usadas por pueblos y ciudades no crea ningún incentivo para reducir el consumo de energía. Usar métodos de pago por consumo para las luminarias públicas motiva reducir el uso de energía y crea el impulso necesario para implementar iluminación adaptativa.
Entonces, ¿cuánta luz es necesaria en nuestras calles? Todavía no estamos seguros, pero al menos, finalmente estamos haciendo la pregunta.

Por Rajaram Bhagavathula, la nota original en idioma Inglés se puede visitar AQUÍ.

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